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PERRO BOMBA (por Álvaro Luquín)

 

La rabia es un malestar que empeora cuando reconocemos lo que la pasión aniquila en determinados núcleos o zonas sintácticas formalmente incompletas y desacomodadas. Es ahí donde Espuma de Bulldog se transforma en algo que desprograma (y eso me emociona) la estructura de un lenguaje cansado, cliché, para convertir su sistema en un circuito de excepción en el sentido que Alain Badiou usa para referirse a aquello que el individuo extrae de lo infinito para constituirse en un sujeto. Y eso es lo que hace este libro de Daniel Bencomo. Un ejemplo, Rumor de Gillette en todo esto. Gillette. Me remite en primera instancia a suicidio, en segunda a cierta cantante noventera que hablaba del tamaño del órgano sexual masculino. Y en última instancia me remite a una marca de productos para el cuidado y la higiene. Entonces, qué es lo que Daniel busca cuando escribe:
sigue esta línea punteada:

———————————————————————————-

puedes

——————-también———————

recortarla.


Quizá alguien entre ustedes esté pensando, pero bueno, creo que no ha dado un ejemplo representativo del libro. Yo difiero. Creo que ahí está el núcleo de la lógica de un lenguaje limítrofe. En el hecho de que tanto una marca de productos y el hecho de expresar un imperativo sigue esta línea punteada seguido de una línea punteada seguida de una sugerencia puedes también recortarla, es algo que se inscribe dentro de la creación de una novedad entre el maremágnum de códigos establecidos. Entonces, qué es lo que hace singular este libro de Daniel, pues que descentraliza el poder del significado, de la expresión y crea un rizoma que desvincula las palabras su tautología y las convierte en el excedente de lo que fuese alguna vez su ilusión (no podía, conociendo a Daniel dejar fuera a Baudrillard). Chequen el siguiente ejemplo:

reinicien-

me,

reinicen-

te.

 

Se fijan cómo el uso del guion hace que el sentido entre en conflicto con su significado y descentralice una palabra diferenciándola de los niveles jerárquicos y haga de ella un multifenómeno en constante cambio. Y no me refiero a que aquello pase tan sólo en el orden de la representación, sino que al desligarse e inventar su propia lógica se convierte en una creación negativa pues lo positivo y arbóreo cómo nos ha hecho daño.

Daniel hace explotar este perro usando registros y atmósferas que rayan en un síntoma clínico. En otras palabras, hay un juego de hologramas dentro de una realidad aumentada donde todas las imágenes y las entonaciones pierden su nivel para entrar en una psicopatología donde se paga con la misma moneda un resultado aplazado. Como si el autor deseara llegar a un punto de no retorno. Al lugar donde todo aparece por primera y última vez sin detenerse a recapitular lo que ha perdido o ganado.

Este libro tuvo suerte de encontrar el azar, o viceversa. Y creo que la poesía tuvo suerte de encontrar un creador tan extravagante como Daniel, contrario
a un “se da”. Cosa inentendible si negamos que Espuma de Bulldog es un elemento imposible de las patologías cotidianas.